La Guerra del Golfo, también conocida como la Guerra del Golfo Pérsico, fue un conflicto bélico que tuvo lugar entre agosto de 1990 y febrero de 1991 en el Golfo Pérsico. Esta guerra tuvo sus raíces en la invasión de Kuwait por parte de Iraq el 2 de agosto de 1990, provocando una respuesta inmediata por parte de la comunidad internacional liderada por Estados Unidos.
La invasión de Kuwait por parte de Iraq fue el resultado de una serie de conflictos previos entre estos dos países, que se remontaban a la Guerra Irán-Iraq de la década de 1980. Durante esta guerra, Iraq había acumulado una gran deuda externa y Kuwait se negó a perdonarla, lo que llevó a Iraq a acusar a Kuwait de robar petróleo de sus campos petroleros transfronterizos.
Tras la invasión de Kuwait, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenó inmediatamente la acción de Iraq y exigió su retiro inmediato del territorio ocupado. Saddam Hussein, el líder iraquí en ese momento, se negó a cumplir con estas resoluciones y fue entonces cuando se desencadenaron una serie de eventos que llevaron a la Guerra del Golfo.
La coalición liderada por Estados Unidos comenzó una campaña de bombardeos aéreos intensivos sobre posiciones iraquíes en Kuwait e Iraq en enero de 1991, con el objetivo de debilitar las defensas de Saddam Hussein antes de una invasión terrestre. La operación aérea, conocida como Tormenta del Desierto, fue uno de los bombardeos más intensos de la historia militar.
El 24 de febrero de 1991, las fuerzas terrestres de la coalición dieron inicio a la invasión terrestre de Kuwait e Iraq, con el objetivo de expulsar a las fuerzas iraquíes del territorio ocupado. La resistencia iraquí fue feroz, pero finalmente las fuerzas de la coalición lograron liberar Kuwait y avanzar hacia Iraq.
La guerra llegó a su fin el 28 de febrero de 1991, cuando se firmó un alto el fuego entre Iraq y la coalición liderada por Estados Unidos. Si bien Saddam Hussein permaneció en el poder, su ejército fue desmantelado y se impusieron duras sanciones económicas a Iraq.
La Guerra del Golfo tuvo importantes consecuencias tanto para la región del Golfo Pérsico como para el resto del mundo. En primer lugar, la guerra demostró la capacidad de la comunidad internacional de actuar de manera conjunta en respuesta a una agresión armada, sentando un precedente para futuras intervenciones militares en conflictos internacionales.
Por otro lado, la devastación causada por la guerra en Kuwait e Iraq fue inmensa, con ciudades destruidas, infraestructuras dañadas y cientos de miles de víctimas. Además, la liberación de Kuwait y la imposición de sanciones económicas a Iraq afectaron gravemente la economía de la región, especialmente la de Iraq.
En el ámbito político, la Guerra del Golfo tuvo repercusiones a largo plazo en Oriente Medio, exacerbando las tensiones entre los países de la región y profundizando el sentimiento anti-occidental en muchos países árabes. Además, la permanencia de Saddam Hussein en el poder y las duras sanciones impuestas a Iraq llevaron a una crisis humanitaria en el país, con graves repercusiones para la población civil.
En conclusión, la Guerra del Golfo fue un evento histórico que marcó un antes y un después en la política internacional, demostrando la capacidad de la comunidad internacional de actuar de manera conjunta en defensa de la paz y la seguridad mundial. Sin embargo, las consecuencias de esta guerra fueron devastadoras para la región del Golfo Pérsico, dejando un legado de destrucción y sufrimiento que perdura hasta nuestros días.